Maribel y la extraña familia


La madre de Laura, la empatía, Cantizano y la Grisó

Cuando estoy en casa, prefiero, por las mañanas, escuchar la radio a ver la tele. Normalmente estoy, o haciendo “tareas domésticas”, o sentada delante del ordenador, así que prefiero escuchar a ver.
Sin embargo, el otro día, mientras hacía la cama, puse la tele. Y apareció el programa de Susanna Griso. Y en él, un grupo de gente sentada en una mesa y la propia Susanna sentada en un taburete alto, hablaban con una mujer que no estaba en el estudio, sino en la sede de los juzgados de Sevilla. Cuando escuché lo que la mujer contaba, me dió tal escalofrío que tuve que dejar de hacer la cama y sentarme a ver y escuchar la noticia. La mujer que hablaba era la madre de Laura, una americana asentada en Sevilla que había sido asesinada, descuartizada y abandonada en el Guadalquivir por el hombre que ese día iba a ser juzgado.
Ojalá y pudiera expresar el impacto que producía escuchar a esa mujer. Cubana, con su marido americano que no hablaba ni una palabra de castellano, contando que ella quería ser quien denunciase al mundo esa muerte ya que su hija no podía.
La entrevista no pudo ser más emotiva. La mujer, que se expresaba maravillosamente (durante años había sido abogada criminalista en Estados Unidos y por ello aportaba su visión profesional de los datos), expresaba unos niveles de emociones que apenas le dejaban respirar, se le escuchaba como entrecortada, como si se fuese quedando sin aire y de repente algo se lo volviera a insuflar.

Los colaboradores del programa estaban impactados con el testimonio de la mujer, pero lo que más llamaba la atención era el lenguaje no verbal de la propia Susanna Grisó, que nos mostraba el dolor compartido que esta entrevista le estaba causando. Estoy absolutamente segura que si la madre de Laura hubiera estado en el plató, Susanna hubiera estado a su lado, agarrando su mano, mirándola como lo hacía desde arriba de su taburete, con la cara contraída por las emociones que estaba sintiendo.

Bien, pues anteayer, de madrugada, en la tele volvió a aparecer esta mujer. En esta ocasión estaba en el estudio con Jaime Cantizano, sentada junto a su marido, del que ella decía que era su vida y su apoyo en estos momentos tan duros.
Jaime estaba sentado en un sofá frente a ella, preguntando como si lo hicera sobre la nueva estrategia comercial de Zara. Lo que esta mujer decía fue tan horrible, tan escalofriante, tan extraordinariamente triste que yo hubiera saltado a través de la pantalla para darle un abrazo, ya que darle consuelo era imposible.

Jaime se mantuvo en todo momento profesional, en su lugar, haciendo las preguntas adecuadas. Y frío. Incluso gélido. Y con unos niveles de empatía transmitidos que le salían a devolver.

Y verle allí, con esa actitud, me hizo recordar a Susanna. Dos presentadores, dos estilos, dos niveles de Inteligencia Emocional. Uno que ha conseguido que cuando le vea inmediatamente cambie de canal y otra que se ha ganado mi cariño. Sin conocerles.

Qué dolor de la verde grama!

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