Maribel y la extraña familia


Sin consuelo
septiembre 10, 2010, 1:32 am
Filed under: cosas que pasan en mi vida, sentimientos y emociones

Si me pongo a pensar qué cosas me gustaría pedirle a un hipotético genio de lámpara maravillosa que me encontrase en uno de los paseos a un hipotético bosque, creo que tendría una lista más larga que la de fans de Madonna.

Hoy, desde luego, tengo claro la que pediría: una vez que nos encontramos ante una situación inevitable y terriblemente dolorosa, me encantaría tener una varita mágica que proporcionara consuelo.

Hay momentos en la vida en los que parece que el corazón se te fuera a romper en mil pedazos. Yo he pasado algunos de ellos. Incluso parece que se rompe de verdad, se llega a sentir hasta ese peligroso pinchazo síntoma de que algo malo está ocurriendo dentro de nosotros.

Y lamentablemente, cuando nuestro corazón se rompe y a pesar de que ahora hay pegamentos maravillosos, nunca somos los mismos… el corazón sigue latiendo e incluso podemos seguir con la misma vida… pero dentro llevamos una cicatriz, un vacío, algo roto que, muchas veces, cuando nadie nos ve, y a pesar del tiempo pasado, nos hace llorar…

Y cuando tú has vivido una rotura de corazón. Y lo has pegado, y sentido lo que cuesta hacerlo, y visto cómo después de esto nunca vuelves a ser tú, desearías que nadie a quien quieres tuviera que pasar por ello…

Y es entonces cuando te sientes impotente, perdido, sin saber qué hacer…

Es por eso por lo que yo hoy he buscado y buscado al genio de la lámpara… ese que me diera la varita mágica del consuelo de corazón…

Lamentablemente no lo he encontrado y me temo que mi amiga querida tendrá, como todos, que pasar este momento sin anestesia. Ojalá no tuviera que ser así.

Pero aunque no la tenga, aunque todo parezca tan doloroso, tendrá a un montón de almas que estamos con ella, que la queremos y que estaremos a su lado. Es una cuestión de cariño. Así de simple. Así de difícil es a veces esto… como diría mi amigo Humet:

Vaya con la vida,
tan enaltecida
y aún no sabe amar…

Smile



El comedor de Loscertales

Cuando yo era pequeña, viviamos en un piso que eran dos unidos. Y esto, que debería haber supuesto tener muchísimo espacio, no era así. La forma de vida que llevábamos y la distribución de la casa hacía que tuviéramos muchas estancias pero bastante pequeñas todas ellas.

Bueno, pues de toda la casa, la estancia mayor correspondía al comedor. Pero no era un comedor como otros, ni siquiera un comedor que utilizáramos a diario, sino uno de esos reservados para las grandes ocasiones: comidas familiares, cumpleaños, navidades…

Además, ese comedor tenía un glamour especial. No era un comedor cualquiera sino “Un comedor de Loscertales”. Creo que no fue hasta el final de mi infancia que me enteré en que consistía aquello, ese título me daba una sensación de respeto brutal… Loscertales era una tienda de muebles de los años 50 que debía ser como el “artespaña” de los 80, una tienda carísima y caracterizada por la calidad de sus muebles (doy fe que sobrevivieron a tres niñas durante años…).

Era por ese motivo por el cual el comedor era intocable. Y lo fue durante años. Cada reforma o modificación se hacía pensando en que la habitación correspondiente tenía que acoger al dichoso comedor. Muy bonito. Precioso. Y carísimo. Pero inadecuado para la vida de nuestra familia en esa casa.

Después de convivir con “El comedor de Loscertales” durante toda mi vida, en una de esas reformas que tanto le gustaban a mi madre, cuando buscábamos la mejor forma de reubicar nuestro tesoro, una pregunta surgió: ¿y si vendemos el comedor?. Mi madre me miró con cara de espanto: “era de tu abuela” “es buenísimo y de Loscertales” “lo hemos tenido toda la vida”…

Pero quizás este fue el momento. Llamamos a unos anticuarios de el Rastro que lo compraron en seguida, y por un precio estupendo.

Y cuando, de repente, después de haber convivido con él toda la vida, vimos la habitación por primera vez desnuda, vacía, la sensación de pérdida se solapaba con la de alegría por haber conseguido, por fin, dejar un espacio libre que podría ser amueblado con otros enseres que podrían no ser tan bonitos, no ser tan caros y no ser de Loscertales pero que eran los que ibamos a necesitar y disfrutar…

Llevo toda la semana con esta historia en la cabeza. Y he llegado a la conclusión de que algunas de nuestras relaciones son como “el comedor de Loscertales” de mi casa: preciosas, estupendas, con estilo, sólidas, imponentes. Pero no siempre son las adecuadas para la vida. Y como en la historia del comedor, nos ponemos mil y una excusas para mantenerlas. Y por ello habitamos planetas bellísimos que no tienen por qué ser los mejores para nosotros.

Y al final, las historias del comedor y las de las relaciones son paralelas o pueden serlo. Y nos da miedo, o vértigo o queséyo sacarlas de nuestra vida, a veces por la sensación de vacío que pueden dejar, otras porque no se sabe si el lanzarse al acantilado sin flotador es una buena idea.

Y cuando uno, al fin, toma la decisión, la sensación es parecida a la que sentimos cuando vimos a esos hombres del Rastro llevarse nuestro comedor maravilloso: vacío y tristeza por la pérdida pero alegría por pensar que fuimos capaces de hacer hueco… a un espacio lleno de nada o a un par de sillas y una pequeña mesa, algo diferentes del comedor de Loscertales pero que puede que, solo puede que, nos vayan mejor…

Los Puentes de Madison County



Los mundos de Coke


Siempre he admirado a las personas que deciden de forma comprometida y responsable, tener hijos.
En este momento vital, rodeados de crisis, negatividad, malas noticias, cambio climático, terrorismo, agresividad, violencia… creo que tener un hijo se ha convertido en un acto de valentía.

Tener la incertidumbre de qué va a ser de la vida de alguien a quien tú traes sin que lo pida puede ser una losa importante. Claro que también podemos fijarnos en esas cosas que hacen que la vida tenga sentido, y regalarle a nuestros hijos amor, alegría, amistad, complicidad, entusiasmo, ilusiones y mil cosas más. Y quizá de esta manera la carga de la responsabilidad se haga más ligera.

Hoy hace una semana que Coke vino al mundo. Y mientras le veía tranquilo, relajado, como si todo su entorno tuviese una paz infinita no podía evitar imaginar el mundo que vivirá. Y pensaba que, al menos, ha tenido la suerte infinita de nacer en el primer mundo, en una familia que se quiere y que le querrá. Con unos padres para los que será lo primero en su vida y un hogar feliz.
Así que, bajito, al oído, le susurré algo que seguramente no entendió: “bienvenido, Coke, a este mundo de locos…”

Nanas de la cebolla



Starbucks y el smiley
abril 27, 2010, 7:05 pm
Filed under: cosas que pasan en mi vida

Siempre sostengo que esta ciudad es mi tormento y mi éxtasis. Lo mismo puedo estar protestando por pasar media hora recorriendo la distancia que hay en la M30 entre la salida de O’Donnell y el puente de Ventas, que sentirme feliz por pasear un laborable por Huertas sintiendo ese fresco primaveral que, cuando existe, aquí se vive como en ningún lugar.

Hace poco tuve un intercambio de opinión con alguien que, en facebook, puso un post echando pestes sobre la hostilidad de esta ciudad. Yo le dije que, a veces, las ciudades (como las personas) te devuelven lo que tú les das. Es cierto que las grandes ciudades son impersonales y a veces algo fría, pero también es cierto que esas ciudades son las sumas de almas y que estas, en muchas ocasiones, no dudan en dar calor a aquellos con los que se cruzan. Y estoy segura que muchos de mis amigos de fuera pueden confirmar el cariño con el que se les recibe por aquí.

Esta mañana he llegado a trabajar casi con una hora de anticipación. He tenido un curso en Gran Vía 32 (algo que no me había ocurrido en 11 años impartiendo formación) y he calculado mal el tiempo que se tarda en llegar a esta centenaria calle porque estoy acostumbrada a salir a la carretera de Burgos, a La Moraleja, a Canillas y a otros lugares más o menos alejados del centro.

Al lado justo del edificio donde iba, estaba el cine Imperial. Hoy me paré enfrente y me recordé, agarrada de la mano de mi madre, con mi abriguito azul marino y mi verdugo, yendo a ver cualquiera de Walt Disney. Y me dolió comprobar que ya no existía.
Para calmar la pena e intentar estar medianamtente cómoda esa hora que me separaba del comienzo de mi curso, decido mirar alrededor. Veo, justo al lado, un Starbucks. Y sin ser mi café favorito, veo que tienen Wifi, así que pienso que quizá sea un buen lugar para estar tranquila.

Entro y me situo frente al mostrador vacío, me pongo a mirar el cartel que hay detrás del homrbre que me atiende, casi obviando la sonrisa que me pregunta qué quiero tomar. Mirando sin mirar le pido un capuccino pequeño.
Y Él, cómo si quisiera que me diera cuenta de que en ese lugar había algo más que tazas, mesas y café, me pregunta mi nombre. Me descoloca tanto que tengo que parar, mirar esa sonrisa multicolor y responder con un cierto balbuceo: “Maribel”.
Recibo otra sonrisa como respuesta y Él me dice que el café me lo da por otro lado. Como una autómata obediente, me pongo en la fila de recoger el café (fila unipersonal porque era la única cliente del local) y espero a que el hombre, con una nueva sonrisa me lo dé y me indique el carrito donde puedo conseguir azúcar, cacao o cualquier otro ingrediente que me apetezca añadir.

Localizo una mesa al lado de la ventana y, mientras me tomo un capuccino mucho mejor de lo que había imaginado me dedico a ver pasar la vida en la Gran Vía… Y os garantizo que, como en otras ocasiones, me enamoro al ver esa mezcla de gentes, de almas, de vidas.

Al ratito decido salir a la calle con mi café. Al fin y al cabo Ally McBeal lo hace… ¿por qué yo no?, así que cojo mi trolley y mi vaso y salgo a esa vida que está detrás del cristal.
Paseo despacito, veo escaparates, me fijo en la gente, disfruto de la luz y del cielo.
Al llegar al trabajo, busco una papelera para tirar el vaso. Y, al ir a tirarlo, lo veo.
Veo escrito mi nombre en el vaso. Me llama la atención y me fijo más. Y veo el resto de la frase: “Buen día, Maribel”. Y al lado de ella, un smiley sonriente.

Y siento un escalofrío en mi cuerpo que me hace sonreir. Y pienso que estas cosas ocurren en Madrid. Y que hoy, amo con locura a esta ciudad…



Se detuvo Abril

Por un segundo pensé que la primavera había llegado para quedarse.
Por un minuto imaginé mi vida con sol.
Por una hora creí que la luz era eterna.
Por un día sentí que llegaba el calor.

Hoy vuelve a llover. Creo que se ha parado Abril.



Una pasión es una pasión

“El tipo puede cambiar de todo; de cara, de casa, de familia, de novia, de religion, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión
(El secreto de sus ojos)

Cuando ví por primera vez “El secreto de sus ojos” recuerdo haberme sorprendido con la escena en la que algunos personajes de la película diseccionan y traducen una carta que parece ser es la única pista que les puede llevar a un asesino. La segunda vez que ví la película, tuve tiempo de reflexionar sobre esta escena y sobre lo que dice acerca de no poder cambiar de pasión.

Ultimamente estoy intentando vivir el lado positivo que tiene Madrid: conciertos, exposiciones, teatro, eventos variados… Y la verdad es que está siendo una temporada muy gratificante. Estoy conociendo a gente muy interesante, haciendo relaciones con grupos que nunca me hubiera planteado (el martes estuve en el primer encuentro de Sierra Blogs, un grupo de amantes de los blogs, las redes sociales e Internet y fue una experiencia interesantísima). He ido a varias funciones de teatro de aficionados (Los Miserables ha sido el hermano pequeño que apunta maneras de una función de Broadway), a Jam sessions en las que se combina la música con el claqué, y a conciertos variados (destacables sin duda la presentación del nuevo disco de Jose María Guzmán y a los de nube9, fantástico grupo argentino que interpreta a los Beatles como los mismos ángeles, así como el unplugged de Chema Lara).

En todos ellos ha existido un denominador común: la pasión por algo. Ya sea la música, el baile, internet o el teatro. Pero siempre la pasión.
Y en estos tiempos pasotas, descafeinados de leche desnatada, la pasión se agradece, el ver que la sangre todavía corre por las venas de muchos y que esta pasión mueve, motiva, echa gasolina a nuestro motor… es francamente gratificante.

En alguna ocasión he dicho que no concebía la vida sin pasión. Sin esa pasión que muchos son incapaces de sentir y que hace que se estén perdiendo mucho de lo bueno que tiene la vida.

Y yo creo que esta frase de “El secreto de sus ojos” es la que tiene la clave:

Se puede cambiar de todo; de cara, de casa, de familia, de novia, de religion, de Dios. Pero hay una cosa que no se puede cambiar, no se puede cambiar de pasión…



Mamma mia vs Los puentes de Madison

Tanto el cine como la música pueden ser catalizadores de emociones. Positivas y negativas.
Uno puede comenzar a escuchar una canción o a ver una película en un estado de ánimo de aliviodeluto y terminarla con una depresión profunda… o a la inversa.
Esa es una de las razones por las que yo siempre recomiendo a mis coachees que comiencen el día con música positiva, animosa, de esa que te da gasolina y te ayuda a ir para delante. Hay momentos en la vida en los que uno debe dejar a Silvio Rodriguez en su lista de reproducción del ipod y no tener tentaciones de darle al play.

Con las películas pasa lo mismo. Hay algunas que te ponen como una moto y otras que te dejan hundido en la miseria. Como ejemplos de una y de otra para mí existen dos claras: Mamma Mía y Los Puentes de Madison. En una de ellas sales del cine con ganas de coger la mochila e irte inmediatamente a bañarte en la luz de Grecia y en su mar turquesa y en la otra solo tienes ganas de dellorar y dellorar…

Sin embargo, Los puentes de Madison (que es una película que a mí me encanta, por cierto) puede tener una cierta labor terapéutica. Recuerdo cuando murió mi madre que en una de las conversaciones con la psicóloga me decía que después de uno de esos momentos que parece que te fuesen a romper el corazón, ante una muerte o una pérdida de otro tipo, había que vivir el duelo, había que llorar por la pérdida y enfrentarse a un extraño cóctel de emociones. Pero que siempre era mejor vivirlo que obviarlo. Porque tarde o temprano aparecería. Y es por esta razón por la que ella decía que cuando tradicionalmente se vestía luto de alguna manera que obligabas a vivirlo en su momento. Y que cuando te lo quitabas, con él se iba el duelo.

Ahora, al habernos quitado el luto, el duelo sigue pululando en nuestra vida meses e incluso años… y a veces pareciera que no tiene fin.

Pues para mí este es el valor de aliviodeluto de Los puentes de Madison. De alguna manera es como un luto. Uno se puede poner frente a la televisión, dar al play y durante las dos horas que dura la película, vivir esa historia de amor maravillosa con tan triste final. No creo que haya una escena tan triste de pérdida del amor querido en toda la historia del cine como esa en la que una Meryl Streep en una pick up, acompañada de su marido, agarra el tirador de la puerta para salir de ese coche e ir a vivir su amor con alguien que entró directamente en su corazón. Desde luego, a mí me desgarra. Y me va fantástico para llorar.
Pero esa debe ser su función: llorar mientras la ves y dejar de hacerlo cuando en la pantalla aparece el “The end” . Durante dos horas has vivido el duelo y cuando se acaba, es su fin.

Sin embargo, cuando ves una película como Mamma mia (curiosamente también de Meryl Streep), solo te dan ganas de reir, de tomar el sol, de pintar tu casa de azul griego, de cantar, de amar y de disfrutar. Será por la historia, que por pueril y sencilla, atrapa. Será por la maravillosa música de Abba, que al envejecer, se ha hecho joven. Será por la colección de sonrisas que aparecen, por los bailes, por las risas. Por lo que sea. Pero en este caso, lo interesante del “The end” de esta película es que logra pegar una sonrisa en tu cara. Y esto si que es fantástico, verdad???

Hoy en Madrid hace sol, esta tarde iré a ver a los niños y luego a cenar a casa de Marta con Bea y unas amigas. Y me siento de buen humor.

Buenos días, mundo!!