Maribel y la extraña familia


Los mundos de Coke


Siempre he admirado a las personas que deciden de forma comprometida y responsable, tener hijos.
En este momento vital, rodeados de crisis, negatividad, malas noticias, cambio climático, terrorismo, agresividad, violencia… creo que tener un hijo se ha convertido en un acto de valentía.

Tener la incertidumbre de qué va a ser de la vida de alguien a quien tú traes sin que lo pida puede ser una losa importante. Claro que también podemos fijarnos en esas cosas que hacen que la vida tenga sentido, y regalarle a nuestros hijos amor, alegría, amistad, complicidad, entusiasmo, ilusiones y mil cosas más. Y quizá de esta manera la carga de la responsabilidad se haga más ligera.

Hoy hace una semana que Coke vino al mundo. Y mientras le veía tranquilo, relajado, como si todo su entorno tuviese una paz infinita no podía evitar imaginar el mundo que vivirá. Y pensaba que, al menos, ha tenido la suerte infinita de nacer en el primer mundo, en una familia que se quiere y que le querrá. Con unos padres para los que será lo primero en su vida y un hogar feliz.
Así que, bajito, al oído, le susurré algo que seguramente no entendió: “bienvenido, Coke, a este mundo de locos…”

Nanas de la cebolla

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Asteroide B612


“Habia una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo…” (Antoine de Saint-Exupéry)

Cuando me he sentido como esta niña, sola con mi muñeca y mis gafas en medio de un planeta desconocido, os he tenido a mi lado.

Gracias. You’ve got a friend in me. Always.



Añorar


¿Cómo es posible, piensa él, añorar a una mujer a la que mantuvo a distancia para no añorarla cuando se fuera??



¿Diferencias irreconciliables?
mayo 11, 2009, 5:20 pm
Filed under: Historias de mis amigos, Reflexiones animadas de ayer y hoy

Si María y yo jugaramos a “las siete diferencias” no sé bien si las tendriamos que ampliar a diez o por el contrario con tres o cuatro sería suficiente.
María “es” con gafas. Yo las odio.
María fuma. Yo soy de la liga anti-tabaco
María es austera yendo de viaje. Yo colonizo una habitación de hotel en tres minutos.

Pero, sin duda, lo que nos diferencia es el gusto musical. No la “memoria histórica” en la que coincidimos bastante, sino en la música reciente. Yo soy del pop fácil y María se inclina más por otro estilo más “alternativo”.

Es por eso por lo que, a veces, cuando me sorprendo cantando en el coche a voz en grito alguna cancioncilla de estas de “kiss fm”, me suelo acordar de ella. Y, ultimamente me ocurre cada vez que canto esa bachatita tan sencilla de Carlos Baute y Marta Sanchez que, no entiendo el por qué, me hace tanta gracia…

Eso sí… que nadie se confunda…
A pesar de nuestras diferencias, María y yo tenemos muchas más semejanzas que son las que hacen que nos queramos. O quizás sean las diferencias las que logran esto. De cualquier manera, se demuestra que las diferencias irreconciliables cuando se quiere, no son tales…


Te envió poemas de mi puño y letra
Te envió canciones de 4.40
Te envió las fotos cenando en marbella
Y cuando estuvimos por Venezuela
Y así me recuerdes y tengas presente
Que mi corazón esta colgando en tus manos
Cuidado, cuidado que mi corazón esta colgando en tus manos
cuidadooooooooooooooooo.

(por cierto,que el video tiene lo suyo…)



Tú pones el hielo…
marzo 11, 2009, 1:26 pm
Filed under: Historias de mis amigos

y yo el gintonic…

Quisiera felicitar a uno de los fieles lectores de este blog.
Alguien especial… alto, guapo, divertido, cariñoso, encantador e hijo de madrileña 🙂
Muchisimas felicidades Pere!!

Oh yea
si dice cosi no?
E poi
e poi
Che idea!
Ma quale idea?



Terciopelo, Juan y el país de nunca jamás

No sé bien si procede decir que se ha ido a un funeral precioso. No sé si los términos “funeral” y “precioso” son antagónicos o por el contrario pueden coexistir felizmente dentro de una frase. Le preguntaré a alguno de mis sesudos amigos filólogos. Seguro que saben la respuesta.

Pero para el tema que nos ocupa, los voy a situar en la misma frase para referirme al funeral de Juan. Fue un funeral precioso.

Cuando llegué, lo primero que ví es que Juan lo había hecho, de nuevo, bien. Hasta para morir uno puede hacerlo de forma especial. Y Juan así lo hizo. En casa, rodeado de su familia, en paz consigo mismo y con el universo. Lleno de Amor. Y por ello toda su familia estaba emocionada, pero tranquila.

Siendo como es Juan una persona especial, su funeral no podía ser corriente.. genio y figura… Y como se encargó de todo antes de cambiar de dimensión, dejó encargado a su hermano Esteve la tarea de hablar en él. Y así, durante más de una hora, Esteve fue el encargado de contarnos, entre rezos, música y lágrimas contenidas cómo fueron las últimas horas de Juan, cuales fueron sus comentarios, sus sentimientos, sus emociones, su estado de ánimo.

Muchas de las cosas que contó yo las conocía por Pier (su mujer) y ya habían provocado en mí un escalofrío en cada una de las ocasiones en las que las había escuchado: cómo le pidió permiso a su madre para ir con su hermana Gemma, (que falleció hace apenas mes y medio) como les dijo a todos que estaba preparado para irse, cómo se fue despidiendo, uno a uno de todos aquellos a los que quería.

Sin embargo, no sabía cómo se había despedido de su pequeño Adría.
Y de nuevo Juan lo hizo bien. Le contó que papá se iba a ir de viaje. Cuando Adriá le preguntó: ¿A dónde, papá? él le dijo que al país de nunca jamás, a la tierra de Peter Pan. Parece ser que en ese momento a Adriá no le convenció mucho la explicación (cuando yo fui a verle hace dos semanas, Adría estaba super zalamero y no se separaba de su padre, imagino que intuía algo aunque no supiera el qué…) y le dijo que quería ir con él. Y que Juan le dijo que aún no podía… pero que podría verle cada noche cuando mirara las estrellas… en la más brillante… allí estaría él.

En este momento, en esa enorme sala de despedidas del tanatorio de Les Corts, donde solo se oían llantos silenciosos, emociones contenidas y afectos a granel, seguro que Juan estaría sintiendo cómo alguien que toca los corazones, que besa las almas, nunca muere.

Cada vez que recordemos su mirada verde, su conversación inteligente, siempre estará con nosotros, le recordaremos cuando escuchemos sus canciones, que nos canta uno a uno. Sobre todo cuando escuchemos temas como el “terciopelo” con el que recibimos la entrada de Juan en esa sala y que entre lágrimas tocaban Joan Eloi a la guitarra y Pere Bardagí al violín en el bolo más triste de su vida. En ese ultimo bolo que como buena gruppie no me perdí y el único que me hubiera gustado no ver …



Night Club
agosto 28, 2007, 7:24 pm
Filed under: Historias de mis amigos

Un amigo, esta mañana, me describía en un mail su sueño de ayer. Me ha gustado tanto ese relato, me he metido tanto en esa historia de night club, que cuando he llegado esta tarde a casa he intentado hacer una foto que cuadrara a esa fantasía.
Esta foto no es la que yo quería hacer… pero al menos ilustra 🙂

Y aquí ese pequeño cuento…

Ayer por la noche fuí a un night club. Un local sórdido que antaño tuvo cierto gusto, con mesas de billar y media luz, donde solo brillan la barra y el escenario. Me dijeron que actuaba una chica con una boa, que se deslizaba por una lámpara de pie. Al final la actuación no fué la de la boa, sino la de la pinzas refulgentes y el color chocolate, pero el resultado fue el mismo. El número acabó tarde, mas de lo habitual en una dia laborable pero mereció la pena. La chica sabía desenvolverse y pronto me tuvo completamente entregado al show, con el que disfruté hasta el final; incluso despues del final mismo.

Cantaba regular pero movía
el culo con un swing que derretía
el hielo de la copas

Los asiduos al show, me dijeron que la chica era especial. Que no lo hacía por necesidad económica, sino porque era una artista, y una artista sin su arte no es nada. Tambien me hablaron de sensibilidad, de cariño, de… cosas bonitas y agradables, que a este tipo de cabareteras no se les supone, y un poco de todo eso hallé, tal y como me habían hablado.

Al final volví a casa pensando en ella y en su número…colgué la gabardina y el sombrero en la percha de brazos y me fumé un pitillo mirando por la ventana, a la luz del neon que derretía la fachada del motel y escuchando las sirenas de la pasma y viendo como la ciudad seguia despierta aun a aquellas horas de la noche.

Y gracias por prestarme el caso de la rubia platino 🙂