Maribel y la extraña familia


Una pasión es una pasión

“El tipo puede cambiar de todo; de cara, de casa, de familia, de novia, de religion, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, no puede cambiar de pasión
(El secreto de sus ojos)

Cuando ví por primera vez “El secreto de sus ojos” recuerdo haberme sorprendido con la escena en la que algunos personajes de la película diseccionan y traducen una carta que parece ser es la única pista que les puede llevar a un asesino. La segunda vez que ví la película, tuve tiempo de reflexionar sobre esta escena y sobre lo que dice acerca de no poder cambiar de pasión.

Ultimamente estoy intentando vivir el lado positivo que tiene Madrid: conciertos, exposiciones, teatro, eventos variados… Y la verdad es que está siendo una temporada muy gratificante. Estoy conociendo a gente muy interesante, haciendo relaciones con grupos que nunca me hubiera planteado (el martes estuve en el primer encuentro de Sierra Blogs, un grupo de amantes de los blogs, las redes sociales e Internet y fue una experiencia interesantísima). He ido a varias funciones de teatro de aficionados (Los Miserables ha sido el hermano pequeño que apunta maneras de una función de Broadway), a Jam sessions en las que se combina la música con el claqué, y a conciertos variados (destacables sin duda la presentación del nuevo disco de Jose María Guzmán y a los de nube9, fantástico grupo argentino que interpreta a los Beatles como los mismos ángeles, así como el unplugged de Chema Lara).

En todos ellos ha existido un denominador común: la pasión por algo. Ya sea la música, el baile, internet o el teatro. Pero siempre la pasión.
Y en estos tiempos pasotas, descafeinados de leche desnatada, la pasión se agradece, el ver que la sangre todavía corre por las venas de muchos y que esta pasión mueve, motiva, echa gasolina a nuestro motor… es francamente gratificante.

En alguna ocasión he dicho que no concebía la vida sin pasión. Sin esa pasión que muchos son incapaces de sentir y que hace que se estén perdiendo mucho de lo bueno que tiene la vida.

Y yo creo que esta frase de “El secreto de sus ojos” es la que tiene la clave:

Se puede cambiar de todo; de cara, de casa, de familia, de novia, de religion, de Dios. Pero hay una cosa que no se puede cambiar, no se puede cambiar de pasión…

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Donde cabe uno, caben dos.
marzo 29, 2010, 9:00 pm
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Hacía tiempo que un anuncio no me parecía tan encantador…



Mamma mia vs Los puentes de Madison

Tanto el cine como la música pueden ser catalizadores de emociones. Positivas y negativas.
Uno puede comenzar a escuchar una canción o a ver una película en un estado de ánimo de aliviodeluto y terminarla con una depresión profunda… o a la inversa.
Esa es una de las razones por las que yo siempre recomiendo a mis coachees que comiencen el día con música positiva, animosa, de esa que te da gasolina y te ayuda a ir para delante. Hay momentos en la vida en los que uno debe dejar a Silvio Rodriguez en su lista de reproducción del ipod y no tener tentaciones de darle al play.

Con las películas pasa lo mismo. Hay algunas que te ponen como una moto y otras que te dejan hundido en la miseria. Como ejemplos de una y de otra para mí existen dos claras: Mamma Mía y Los Puentes de Madison. En una de ellas sales del cine con ganas de coger la mochila e irte inmediatamente a bañarte en la luz de Grecia y en su mar turquesa y en la otra solo tienes ganas de dellorar y dellorar…

Sin embargo, Los puentes de Madison (que es una película que a mí me encanta, por cierto) puede tener una cierta labor terapéutica. Recuerdo cuando murió mi madre que en una de las conversaciones con la psicóloga me decía que después de uno de esos momentos que parece que te fuesen a romper el corazón, ante una muerte o una pérdida de otro tipo, había que vivir el duelo, había que llorar por la pérdida y enfrentarse a un extraño cóctel de emociones. Pero que siempre era mejor vivirlo que obviarlo. Porque tarde o temprano aparecería. Y es por esta razón por la que ella decía que cuando tradicionalmente se vestía luto de alguna manera que obligabas a vivirlo en su momento. Y que cuando te lo quitabas, con él se iba el duelo.

Ahora, al habernos quitado el luto, el duelo sigue pululando en nuestra vida meses e incluso años… y a veces pareciera que no tiene fin.

Pues para mí este es el valor de aliviodeluto de Los puentes de Madison. De alguna manera es como un luto. Uno se puede poner frente a la televisión, dar al play y durante las dos horas que dura la película, vivir esa historia de amor maravillosa con tan triste final. No creo que haya una escena tan triste de pérdida del amor querido en toda la historia del cine como esa en la que una Meryl Streep en una pick up, acompañada de su marido, agarra el tirador de la puerta para salir de ese coche e ir a vivir su amor con alguien que entró directamente en su corazón. Desde luego, a mí me desgarra. Y me va fantástico para llorar.
Pero esa debe ser su función: llorar mientras la ves y dejar de hacerlo cuando en la pantalla aparece el “The end” . Durante dos horas has vivido el duelo y cuando se acaba, es su fin.

Sin embargo, cuando ves una película como Mamma mia (curiosamente también de Meryl Streep), solo te dan ganas de reir, de tomar el sol, de pintar tu casa de azul griego, de cantar, de amar y de disfrutar. Será por la historia, que por pueril y sencilla, atrapa. Será por la maravillosa música de Abba, que al envejecer, se ha hecho joven. Será por la colección de sonrisas que aparecen, por los bailes, por las risas. Por lo que sea. Pero en este caso, lo interesante del “The end” de esta película es que logra pegar una sonrisa en tu cara. Y esto si que es fantástico, verdad???

Hoy en Madrid hace sol, esta tarde iré a ver a los niños y luego a cenar a casa de Marta con Bea y unas amigas. Y me siento de buen humor.

Buenos días, mundo!!



La genética de la cocina

Recuerdo un día, hace muchos años, en el que estuve grabando en video a mi madre mientras hacía croquetas. Le dije que era muy importante para poder repasar en casa el proceso, y repetir paso a paso aquello que hacía que las croquetas de mi madre fuesen las mejores del mundo.

Curiosamente (o no), desde que ella murió he podido ver sus fotos e incluso tenerlas cerca y presentes en mi casa pero he sido incapaz de ver ese video. De hecho, no he vuelto a ver ningún video en el que ella saliera, a excepción hecha de un día en casa de Mayte, repasando las imágenes que grabamos en Londres en un viaje que hicimos juntas. Supongo que será porque verla moviéndose, mirando, riendo es mucho más doloroso que verla simplemente sonriendo en una imagen.

Pero yo en este post no quería hablar de esto. O sí. El caso es que el otro día mi amiga Ana vino a comer a casa uno de mis espectaculares cocidos (y sobre la solidez de ese adjetivo pueden hablar alguno de los lectores que haya sido invitado en alguna ocasión a probarlo). Como siempre fue una comida muy agradable, tomamos una sopa de esas que a la mitad hay que hacer noche y luego un plato de garbanzos con patatas, carne, pollo, chorizo, morcilla y tocino. Vamos, que lo siguiente fue una de esas siestas de pijama, padrenuestro y orinal…

Ana alabó muchisiimo mi cocido y yo le decía que el sabor de este, al igual que el de las croquetas, las albóndigas o las lentejas, era exactamente igual que el que ponía mi madre en sus platos. Yo cambio los ingredientes, lo hago de forma diferente pero haga lo que haga, el resultado clona el sabor de la comida de mi madre.

Y pensaba, después de irse ella, que es bonito que aparte de recibir de herencia el color de ojos, la textura de la piel o el tono de voz, también se herede ese punto que se pone en la sartén. Probablemente sea una buena señal… y quizá también haya heredado el cariño que mi madre ponía al cocinar. Lo que no sé muy bien es en qué parte del ADN se aloja esto…



Unha vez tiven un cravo
marzo 10, 2010, 12:12 pm
Filed under: Pensamientos, Reflexiones animadas de ayer y hoy


Unha vez tiven un cravo
cravado no corazón,
i eu non me acordo xa se era aquel cravo
de ouro, de ferro ou de amor.
Soio sei que me fixo un mal tan fondo,
que tanto me atormentóu,
que eu día e noite sin cesar choraba
cal choróu Madalena na Pasión.
“Señor, que todo o podedes
-pedínlle unha vez a Dios-,
dáime valor para arrincar dun golpe
cravo de tal condición”.
E doumo Dios, arrinquéino.
Mais…¿quén pensara…? Despois
xa non sentín máis tormentos
nin soupen qué era delor;
soupen só que non sei qué me faltaba
en donde o cravo faltóu,
e seica…, seica tiven soidades
daquela pena…¡Bon Dios!
Este barro mortal que envolve o esprito
¡quén o entenderá, Señor!…

Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)

El otro día, en una profunda conversación con mi amigo Angel, me decía que lo más emocionante que le había ocurrido en los últimos seis meses era que se había comprado dos televisiones ultramodernas.
A veces, odiamos vivir constantemente en el día de la marmota. Otras, lo necesitamos.
Supongo que tiene que ver con la falta de coherencia que a veces nos ataca.
Si, como dice el maravilloso poema de Rosalía de Castro, sentimos que tenemos un clavo que nos atormenta, queremos sacarlo de nuestro corazón. Pero cuando sale, a veces, y solo a veces, lo extrañamos…



Un beso de esos…
marzo 3, 2010, 11:01 pm
Filed under: Uncategorized

Los dos se encontraron en el mismo cuarto,
los dos se encontraron justo en el momento,
fue un beso de esos…que bajan la guardia,
fue un beso de esos…de darse las gracias,
un beso de esos… de esos que valen!
por toda la química de la farmacia.

Los dos intuyeron, sus ojos cerrados,
sus bocas pegadas, cerca su aliento,
fue un beso de esos que cumplen un sueño,
un beso de esos que son el primero.

Un beso de esos que ponen contento,
los dos se creyeron ‘signing in the rain’

Tan locos saltaron sobre los charcos,
tan locos bailaron por los bordillos,
tan locos rompieron en mil pedazos
la lista negra de sus enemigos.

Tan locos saltaron la verja de un parque,
a ciegas cruzaron por las avenidas,
tan locos pensaron hacerse piratas
surcar en velero los mares de China.

Fue un beso de esos que premian las ganas,
un beso de esos que luego te marcan,
un beso de esos de bésame mucho,
tan locos quisieron perderse del mundo.

Tan locos rodaron uno sobre el otro,
un beso de esos que valen por todo.

Tan locos saltaron sobre los charcos,
tan locos bailaron por los bordillos,
tan locos rompieron en mil pedazos
la lista negra de sus enemigos.

Tan locos saltaron la verja de un parque,
a ciegas cruzaron por las avenidas,
tan locos pensaron hacerse piratas
surcar en velero los mares de China.

Surcar en velero los mares de china
Surcar en velero los mares de china…

Me he parecido de una dulzura infinita…



Asteroide B612


“Habia una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo…” (Antoine de Saint-Exupéry)

Cuando me he sentido como esta niña, sola con mi muñeca y mis gafas en medio de un planeta desconocido, os he tenido a mi lado.

Gracias. You’ve got a friend in me. Always.